miércoles, 15 de agosto de 2012

Párroco: Víctor Argimiro Tarazona - 2012/2016




Toma de Posesión del Pbro. Víctor Argimiro Tarazona



Acción Pastoral del Pbro. Víctor Argimiro Tarazona

Despedida del Pbro. Víctor Argimiro Tarazona


domingo, 29 de mayo de 2011

Carta Pastoral N° 6 - EL FUTURO DE GUAYANA ESTÁ AMENAZADO - A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Carta Pastoral N° 6



Diócesis de Ciudad Guayana


MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Que la Paz del Señor Resucitado esté con ustedes y su Gracia viva en el corazón de cada uno.

Al Señor Jesús se le conmovían las entrañas al ver el dolor de los pobres y los enfermos. De su Corazón traspasado por el Amor nació la Iglesia y –desde entonces- también ella cura las heridas de los que sufren, de los excluidos y de los empobrecidos de la tierra. Por eso el Concilio Vaticano II nos recuerda:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. (…) La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1).

Nosotros, Obispo y sacerdotes, como legítimos sucesores y colaboradores de los apóstoles estamos en la obligación de iluminar las realidades más dolorosas de nuestro pueblo.  Y una de ellas es la que está atravesando nuestra región con las empresas básicas. Con esta Carta Pastoral, en el espíritu del Concilio Vaticano II, queremos aportar los criterios morales imprescindibles, que partiendo del mismo Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, nos puedan ayudar a  solucionar esta grave situación. De estos principios orientadores deben nacer propuestas técnicas y profesionales, pero éstas ya son responsabilidad de los laicos correctamente preparados.

EL FUTURO DE GUAYANA ESTÁ AMENAZADO

Esta es la conclusión dramática que sacamos a la luz de los datos oficiales sobre nuestras empresas básicas. La caída de la producción, el deterioro de las instalaciones, la pérdida de proveedores y compradores confiables,… son indicadores que nos alertan de un daño estructural que está sufriendo nuestra principal industria.

Pero lo más grave es lo que atenta contra los propios trabajadores, sobre todo, la pérdida de algunos de  sus derechos laborales, conquistados con años de lucha, y la división provocada entre los mismos obreros. No podemos ser indiferentes ante la violencia que se está ejerciendo contra muchos de ellos: violencia física, psicológica y laboral. Violencia que, a veces, se ha llegado a ejecutar por grupos ajenos a las empresas básicas, intentando enfrentar a trabajador contra trabajador, a sindicato contra sindicato, a pueblo contra pueblo.

La pregunta que –desde hace tiempo- está en la mente de muchos guayacitanos es: ¿se trata de simple incompetencia gerencial y corrupción? O ¿detrás de este caos hay un plan premeditado para deshacerse de las empresas básicas poniéndolas en manos del mejor postor, echándole la culpa a los propios obreros a los que se les encargó su control?

Sea cual sea la respuesta, todo conduce a que por este camino nuestras empresas básicas dejarán de ser la fuente principal de trabajo de Guayana y, por tanto, nuestra región enfrentará una dura crisis que nos afectara a todos. En nombre de Dios, pedimos a todos una rectificación seria, consensuada y planificada. Todavía estamos a tiempo y como Iglesia proponemos algunos principios sobre los que debe orientarse este cambio de rumbo.

FUNDAMENTOS MORALES PARA UN CAMBIO DE RUMBO

1. La Solidaridad: este es el principal valor aportado por el Movimiento Obrero; dicho Movimiento –de profundas raíces cristianas- vivió la Solidaridad como compartir hasta lo necesario para vivir, poniendo los problemas de los otros por encima de los propios. En la solución de esta crisis debe primar la lucha por el pleno empleo, el reconocimiento de los derechos de los llamados terciarizados y el rechazo del corporativismo, la burocracia y la corrupción. Les aliento a buscar el bien común, aunque para eso tengamos que perder nuestros privilegios a favor de los desempleados. Es el camino que nos enseña Jesús: “El cual, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres.” (Fil 2, 6ss.)

2. El protagonismo y  la unidad de los trabajadores: sin estos dos fundamentos tampoco puede haber solución al problema. El protagonismo obrero exige la independencia respecto a todo interés partidista y monetario; tiene que ser totalmente autónomo del gobierno de turno. Los obreros deben unirse, más allá de su afiliación, para salvar las empresas básicas y para gerenciarlas de tal manera que sigan promoviendo puestos de trabajo. No hacerlo es suicida: todos perderemos. Creemos que la división que hoy existe entre los propios trabajadores está siendo provocada desde fuera para conseguir turbios intereses.

3. El diálogo y el respeto: principios básicos de la no-violencia. Las diferencias son legítimas y colaboran a la solución de los problemas, siempre y cuando partamos de respetar la dignidad de los otros y entrar en diálogo sincero con ellos. Hay que rechazar contundentemente la violencia, la intromisión de grupos armados y de personas que desconocen la problemática de las empresas básicas. La descalificación, la mentira y las amenazas están impidiendo la salida de esta crisis.

CONCLUSIÓN

Por último, la Iglesia Católica y en particular mi persona como Obispo de Ciudad Guayana, además de seguir orando, nos ofrecemos como parte mediadora en este grave conflicto que está viviendo nuestra región. Proponemos abrir una mesa de diálogo y trabajo en el que, a partir de un diagnóstico objetivo, se escuchen todas las propuestas de solución y caminemos juntos en la superación del problema. Estamos ante una oportunidad histórica: las crisis son también posibilidades de avanzar hacia un futuro mejor. Pero o avanzamos juntos o nos hundimos todos.

Los invito a poner en manos de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado esta problemática y pedirle a nuestra Patrona, La Inmaculada Concepción del Caroní, interceda ante su Hijo para que esta grave y crítica situación pueda encausarse hacia una solución que nos beneficie a todos pero, de manera especial a nuestros obreros y obreras.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.

En Ciudad Guayana a los 29 días del mes de mayo de 2011.

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-6-diocesis-de-ciudad.html

jueves, 27 de mayo de 2010

Carta Pastoral N° 5 - “Volvamos a Dios, construyendo la paz.” A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Movimientos de Apostolado y Pueblo de Dios en general

Carta Pastoral N° 5



Diócesis de Ciudad Guayana


MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

“Volvamos a Dios, construyendo la paz.”

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Movimientos de Apostolado y Pueblo de Dios en general,

1. - Hace apenas un mes toda la comunidad guayanesa se conmocionó por el terrible asesinato del Pbro. Esteban Wood. Un sacerdote que había abandonado su tierra, su familia y la posibilidad de una vida más tranquila a sus 68 años, para llevar el Amor de Cristo a los más necesitados.

2. - Por medio de esta Carta Pastoral quiero rendir un tributo lleno de cariño y agradecimiento al Padre Esteban. Él fue como ese grano de trigo del que nos habla el Evangelio, que se sembró en nuestro pueblo, compartiendo y entregando su vida por los feligreses. Su amor por esta tierra fue tan grande que su deseo fue ser enterrado aquí, en suelo guayanés y que sus contados bienes fueran para la parroquia donde muriera; en este caso para la Parroquia Sagrada Familia. Estamos seguros que su muerte, su siembra, debe dar muchos frutos. De hecho ya está produciendo muchos frutos: nos ha hecho dirigirnos con más sinceridad al Dios Misericordioso, nos ha unido más y nos ha hecho más conscientes del espantoso crimen de la violencia.

3. - El Padre Esteban es uno de los 48 habitantes de este hermoso país asesinados cada día, y uno más de los que mueren cotidianamente en nuestra querida Guayana. No podemos seguir mirando para otro lado. Todos tenemos que tomar conciencia de que estamos ante una verdadera guerra civil que está destruyendo a nuestro pueblo, sobre todo a los más jóvenes.

4. - En los casi 9 años que llevo como Obispo de esta hermosa tierra guayanesa, llevamos contabilizadas 4.840 madres que han perdido a sus hijos a causa de la violencia. ¡Son miles las madres que no pueden sonreír porque uno de sus hijos no vendrá a besarla y abrazarla! Me pregunto si somos conscientes de lo que esto supone para una madre.

5. - En el 2009 fueron asesinados 16.047 venezolanos. Cada día matan a dos guayaneses, cada media hora un venezolano. ¡Basta ya! ¡No podemos permitir que esto siga ocurriendo!

6. - El mensaje de Jesús en el Evangelio es un mensaje de Justicia, Amor y Paz. La violencia es fruto del pecado. Es la ruptura del amor que Dios quiso desde el principio. Este comportamiento es totalmente contradictorio con la fe, ya que Cristo nos mandó a amar aún a nuestros enemigos. El Evangelio nos desafía para que nos abramos a los imperativos de la fraternidad, la igualdad y la solidaridad de todos y que esto se traduzca en nuestros comportamientos, así como en las instituciones y estructuras sociales.

7.- El mundo y el hombre han sido creados por Dios desde el inicio para la paz. Y es el hombre quien ha introducido la violencia en el mundo: los relatos de la creación, la caída, el primer crimen, el diluvio, son otros tantos testimonios (Gen 6,5.11). Por eso, podemos decir que el hombre es responsable de esta situación y que la humanidad se encuentra prisionera de una lógica que ella misma ha puesto en marcha y que la arrastra a donde no quiere ir. A la humanidad se le brinda una salvación (el relato de la caída termina con la promesa de una salvación: Gen 3,15). Y esta es la primera originalidad de la Biblia : Dios, por propia iniciativa, decide instaurar un nuevo orden de justicia y paz en contra del desorden que el hombre ha introducido y que lo lleva a su pérdida; pero para ello necesita de la colaboración del hombre (y esta es la segunda originalidad del mensaje bíblico) : “Te pongo hoy delante la vida y la muerte; escoge, pues, la vida” (Dt 30,19) Así, para el cristiano, en Cristo ha llegado esa nueva alianza (Ef 2,14). “La paz es el bien mesiánico por excelencia”. (CEV.- Carta Pastoral sobre la problemática de la violencia y la inseguridad. 2010)

8.- La entrada en la alianza es la entrada en otra lógica: el “pueblo elegido” debe gobernarse por una lógica distinta de la del mundo, lo cual no se hace sin combate, o al menos, sin participación activa de la persona. Esto exige que el hombre use su libertad para aplicar diariamente la nueva lógica a la realidad, pues no se sale del círculo vicioso de la violencia de una vez para siempre con la sola concertación de la alianza en el bautismo: se va avanzando a todo lo largo del desarrollo de la propia historia. En este sentido, la visión cristiana de la paz es operativa. No es una construcción intelectual ni se reduce a una serie de preceptos: tiende a transformar la realidad estructurando la conciencia del creyente mediante un conjunto de imperativos que han de guiarlo en su actuación.

9.- Es claro, entonces, el planteamiento de Juan Pablo II: “No hay orden preestablecido que garantice la paz…por eso, la mediación del trabajo de los hombres por la paz revestirá numerosos aspectos en todos los niveles de la existencia humana”.

10. - Como cristianos no podemos admitir esta situación; la repudiamos, y es esta la causa por la que vale la pena que la sociedad entera, unida al gobierno busque la solución al problema de la violencia. Como Obispo de esta Diócesis, junto a los sacerdotes y todos los católicos de Guayana, estamos decididos a encabezar la respuesta pacífica y evangélica que todos debemos dar a la violencia y a quienes la practican o alientan.

11.- Esta respuesta que queremos dar debe comenzar por nuestra oración al Padre Bueno que nos convoca a la unión, a la solidaridad, al amor, a la justicia y a la paz. Por este motivo, convoco a todos nuestros fieles a vivir en un “estado de oración” permanente por la paz y la justicia.

12. – De igual manera exhortamos a las autoridades civiles de Venezuela a que encabecen una plataforma nacional unida contra la violencia en la que participen todos los sectores competentes en la materia. Es una urgencia nacional y por ello debemos estar todos, sin divisiones ni partidismos. Todos debemos avocarnos a acabar con las causas de la violencia, que son, entre otras, el desempleo, la falta de oferta educativa de calidad, la crisis de la familia, la impunidad y la gran cantidad de armas que circulan en nuestra nación. Debemos iniciar una gran campaña de desarme de nuestra población.

13. - Como Iglesia, los invito a todos los bautizados, a aportar todo lo que esté de nuestra parte. En concreto, los exhorto a profundizar la Campaña de concienciación por la Paz en las parroquias y centros de estudio y a potenciar la familia cristiana solidaria como la estructura básica de la sociedad en la que está la clave principal  para la solución de la violencia.

14.- Finalmente, invito a todos los familiares de las víctimas de la violencia  a que se asocien y organicen y, para eso, les ofrecemos la Fundación “Por la Dignidad Sagrada de la Persona” y una oficina de Atención a las Víctimas que estamos implementando en la Parroquia San Martín de Porres en Brisas del Sur.

15. - Ponemos bajo el amparo de la Inmaculada Concepción del Caroní, Patrona de esta Diócesis, todo este esfuerzo que queremos realizar a favor de la construcción de la Paz y la Convivencia.


Con mi bendición,




+ Mariano José Parra Sandoval
Obispo de Ciudad Guayana



Ciudad Guayana, 27 de Mayo de 2010

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-5-diocesis-de.html

domingo, 13 de abril de 2008

Carta Pastoral Nro 4 - A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Carta Pastoral N° 4

Diócesis de Ciudad Guayana

MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

“QUE TODOS SEAN UNO PARA QUE EL MUNDO CREA.”

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

“Que todos sean uno, como tu, Padre, estás en mi y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste.” (Jn. 17, 21)

            Que la Paz del Señor Resucitado esté siempre con todos ustedes.

            En el marco de la celebración de la Pascua de este año 2008, tiempo “privilegiado en el cual celebramos al Resucitado, Señor de la Vida”, quiero con estas palabras de Jesús, que encontramos en el Evangelio de San Juan dirigirme a Ustedes a fin de invitarlos a reflexionar sobre un tema que es fundamental para la Iglesia de estos tiempos.

            Después de doce años de haber sido lanzado el proyecto y ante la reciente celebración del Concilio Plenario de Venezuela y la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, he considerado muy importante que reflexionemos sobre la Espiritualidad de Comunión, que le da fundamento a nuestra Iglesia y a nuestro Plan Diocesano de Renovación Pastoral.

            En estos momentos que vivimos, como nos lo recuerda el documento de Aparecida, “nos sentimos interpelados a discernir los ‘signos de los tiempos’, a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y ‘para que la tengan en plenitud’ (Jn. 10, 10)” (Cf. Aparecida 33)

            Con gran gozo, hemos visto en nuestra diócesis, en los últimos años un gran esfuerzo por vivir la eclesiología del Vaticano II que hemos tratado de plasmar a través del Proyecto Diocesano de Pastoral. En estos últimos doce años han sido muchas las vivencias de comunión  experimentadas en nuestra Iglesia particular: las parroquias se han sectorizado para ir creando pequeñas comunidades; en muchas de ellas, se han creados las diversas instancias de comunión como los EPAP’s, los Consejos Pastorales,  los Consejos de Asuntos Económicos, etc. Se han fortalecido los encuentros fraternos entre los sacerdotes, las religiosas y los fieles laicos.
            A nivel diocesano podemos resaltar que se han consolidado y fortalecido las Zonas Pastorales y algunas Comisiones Diocesanas, como Catequesis, Pastoral Social, Pastoral Familiar, Juvenil y Vocacional entre otras. Esto nos llena de alegría y  esperanza.

            Pero, también, con profundo dolor vemos como cada día mas esta sociedad nos lleva a vivir en un clima de egoísmo, injusticias, odios, guerras y desunión. Es imposible no estar conscientes de cómo se ha incrementado la violencia y el odio en medio de nuestras comunidades, especialmente las más excluidas. La violencia política no se queda atrás y no se respetan las ideas del adversario ideológico, sino que por el contrario todo se quiere resolver a fuerza de insultos, descalificaciones, odios, rencores y actos de violencia física.

            A esto debemos añadir, como nos lo dice CPV que “el pensamiento dominante en esta nueva época, según el cual cada nivel de la realidad es autónomo, con la consecuente fragmentación que ello ha traído en la realidad social, ha favorecido el que muchos cristianos de hoy conciban su fe como un cumplimiento de determinados ritos o actividades de corte religioso, sin mayor preocupación por las exigencias que lleva consigo el Evangelio en todos los ámbitos de la vida.” (ICM 9)

            Otro rasgo negativo de este tiempo es esa aspiración de la persona a hacerse su vida por su cuenta, lo que ha favorecido estilos de acción pastoral paternalistas “y un modo de participación mas bien pasivo y poco comprometido” (ICM 11).

Una Espiritualidad de Comunión.

            La Iglesia, peregrina en la historia, ha vivido bajo diversos modelos culturales, que han determinado de cierta manera la forma de sus estructuras pastorales, pero, sin perder su misma esencia. De una Iglesia, entendida y presentada a partir del concepto de “sociedad perfecta”, hemos pasado con el Conc. Vat. II a una Iglesia entendida y presentada a partir del Dios Uno y Trino, es decir, una Iglesia “icono de la Trinidad”, que es la razón de su existir, el objetivo que debe perseguir, la meta que le espera (Cf. CIV 2) y hacia donde debe encaminar toda su acción.

            El Concilio Plenario de Venezuela nos dice en  el # 33 del documento”La comunión en la Vida de la Iglesia en Venezuela”: “La Iglesia es comunión y hunde sus raíces en el misterio de la comunión trinitaria: Dios Padre, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Nuestro Dios no es triste soledad, sino bienaventurada comunión: ‘el supremo modelo y principio de este misterio  (la unidad de la Iglesia) es la unidad de un solo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en la trinidad de personas’ (UR 2). Aquí encontramos la verdadera raíz y explicación de la auto comprensión de la Iglesia como comunión. La contemplación del Dios trinitario nos muestra la más estrecha unidad (un solo Dios) y una verdadera distinción (tres personas distintas). Esta es la norma que estructura a la Iglesia, en la que han de conjugarse unidad y diversidad.”

            El Concilio Vaticano II por esto, nos define a la Iglesia como Sacramento de Comunión: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea, un signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1)

            El concepto de Iglesia, como icono de la Trinidad, nos lleva necesariamente a vivir una espiritualidad de comunión, que recibe su sentido del encuentro – comunión con Dios Uno y Trino. A partir de esta visión trinitaria se debe originar un nuevo modo de encarar las relaciones interpersonales y sociales, que implica, en primer lugar, que el sujeto de toda actividad de la Iglesia es la comunidad cristiana, el “nosotros”. No podemos, por lo tanto,  concebir la espiritualidad como una acción individual, intimista, cerrada en una relación subjetiva e individual entre “Dios y yo”. Juan Pablo II en su Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte” nos dice: La espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado.” (Nº 43)

            La Iglesia como comunión, vive relaciones de amor, que no son simplemente funcionales sino basadas en el amor que es Dios y tiene un fin común  que es la realización de la voluntad salvífica universal del Padre.

            La espiritualidad de comunión radica en Dios (amor compartido, Trinidad de personas) que crea al ser humano a su imagen y semejanza y, por lo tanto, lo crea para vivir en el amor, para vivir en comunidad, para vivir como pueblo. Dios nos llama a la comunión con Él, comunión que se convierte en posesión común de aquellos que lo acogen. Nosotros, por nuestra parte, estamos llamados a hacernos siempre más comunión, más comunidad, más pueblo, más familia de Dios.

            Esta Espiritualidad comporta vivir la novedad de las relaciones con Dios y con todos los seres humanos; participar en la vida de los otros y de la comunidad para compartir los gozos y los dolores, haciéndonos próximos, compañeros de aventura y asumiendo la propia responsabilidad para buscar el bien de los otros y el bien común. Implica vivir la reconciliación para buscar los caminos necesarios a fin de restablecer la paz; ministro de la reconciliación el cristiano pacifica en si cuanto hay de división, se hace “puente” entre las partes heridas, genera el encuentro de los que están dispersos, acoge a todos, especialmente a los mas pobres, débiles y excluidos; promueve relaciones fraternas y hace interactuar las partes. Recordemos de nuevo las palabras de Juan Pablo II: “Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como ‘uno que me pertenece’, para  saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.” (NMI 43)

            Nos debe llevar a promover el diálogo, como escucha y acogida del otro y dinamismo de crecimiento del conjunto hacia metas crecientes de unidad; a vivir el discernimiento comunitario, entendido como proceso vivido junto con la comunidad cristiana, en la identificación de los problemas, en el análisis y búsqueda de posibles soluciones, en la opción libre y determinada de aquello que la Iglesia está llamada a hacer para encarnar su misterio y para desarrollar su misión  en el mundo.”Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un ‘don para mi’, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber ‘dar espacio’ al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga. 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianzas y envidias.” (NMI 43)

            Comporta vivir la solidaridad que se expresa en la comunicación y el compartir los bienes espirituales, materiales y culturales, cumpliendo así el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros como Él nos amó. Solidaridad que lucha por un mundo distinto, más justo, más humano y, por lo mismo, en paz.

            Una espiritualidad que nos lleve a una plegaria litúrgica y personal en la que se celebre el misterio de Cristo y la unión con Él, en la esperanza de “algo mejor” que está por venir y que está siempre por construir. Benedicto XVI en su Encíclica “Spe Salvi” Nº 34 nos dice: “Para que la oración produzca esta fuerza purificadora debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los Santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente. (…) En la oración tiene que haber siempre esta interrelación entre oración pública y oración personal. Así podemos hablar a Dios, y así Dios nos habla a nosotros.”

Año Paulino.

            Otra celebración a la cual hemos sido convocados por El Papa Benedicto XVI es la del Año Paulino, conmemorando los 2000 años de su nacimiento. El Año Paulino ofrecerá la ocasión de descubrir la figura del Apóstol, su actividad, sus viajes; releer las Cartas que escribió dirigidas a las primeras comunidades cristianas; revivir los primeros tiempos de la Iglesia; profundizar sobre su pensamiento y sus enseñanzas y meditar sobre su vigorosa espiritualidad de fe, de esperanza y caridad. Pero, de manera especial, los invito a conocer toda su eclesiología de comunión de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. “No podemos dudar que el fuego interior que ardía en el corazón de Pablo y le impulsaba a la construcción de la comunidad cristiana, no era otro que la Espiritualidad Comunitaria que está a la base de nuestro Proyecto de Evangelización y Renovación.” (Rivas, Sebastián, Pbro.- Eclesiología Paulina.- Conferencia en la reunión del clero del 05-03-2008)

Líneas de acción.

            Hermanos y hermanas, estamos en el año 2008, preámbulo de la tercera Fase de la Primera Etapa de nuestro Proyecto Diocesano de Renovación Pastoral, donde estamos llamados a vivir la sensibilización a la vida comunitaria, a fomentar nuestra conciencia de Iglesia como comunidad de todos, a acrecentar nuestro sentido de pertenencia a la Diócesis, a vivir una verdadera Espiritualidad de Comunión.

            Una Diócesis que trata de vivir esta Espiritualidad de Comunión se caracteriza por ciertos valores y estilo de vida. Entre ellas debemos destacar:

el diálogo, basado en la apertura y aceptación recíproca, en la confianza mutua y en el respeto a las diversidades;
la libertad de espíritu que estimula la creatividad y la responsabilidad personal;
la conciencia colectiva de que la diócesis necesita de cada uno y cada uno necesita de la diócesis; se es parte de ella, o se es una isla;
La solidaridad, la ayuda mutua, el compromiso por la justicia y la paz; la conciencia de objetivos claros y fines comunes que dan sentido y orientación a cuanto se hace y se vive y que estimulan a la cooperación de todos;
la reconciliación constante que facilita y promueve el crecimiento de las personas y de la comunidad; todos tratan de comprenderse, de apoyarse mutuamente y dar tiempo a los otros para crecer juntos.

            Ante este llamado de Cristo y su Iglesia, los exhorto a que, además de las líneas de acción que propuse en mi anterior carta pastoral, asumamos las siguientes:

·         Es necesario que emprendamos un proceso de “conversión y reconciliación en el Pueblo de Dios como signo de comunión y unidad.” (CVI 62, 3.2.1)
·         Invito a todas las parroquias que no hayan creado las instancias de comunión, que el Proyecto Diocesano de Pastoral contempla, a que en la brevedad posible constituyan estos organismos de comunión. Me refiero a la sectorización, el Equipo de Coordinación Sectorial, el EPAP, la red de Mensajeros, el consejo Parroquial de Asuntos Económicos, Consejo Parroquial de Pastoral y la Carta a los Cristianos.
·         Aquellas parroquias que ya tengan estas estructuras establecidas deben fortalecerlas, mejorando en ellas la participación y la espiritualidad de comunión.
·         Entre estas estructuras también es importante que se establezcan las Asambleas Zonales, donde se disciernan y aprueben actividades conjuntas y se traten temas importantes relacionados con la vida de la misma zona. Estas asambleas también deben realizarse a nivel parroquial y sectorial.
·         Al EDAP lo exhorto a profundizar la espiritualidad de comunión a través de las Ejercitaciones y otros tipos de Ejercicios Espirituales que la refuercen; recordando que ésta implica centrar la vida espiritual en la unidad de la Iglesia local, en el testamento de Jesús.
·         Quisiera también hacer un llamado para que en las parroquias se robustezca la comunión de bienes, como nos lo pide el CPV: “Todos los miembros del Pueblo de Dios contribuyan decididamente en aquellas iniciativas tendientes a lograr una mas justa distribución de los recursos humanos y materiales en el seno de la Iglesia.” (ICM 224) De la misma manera como lo pide el Nº 226 del mismo documento del CPV que “cada uno de los organismos e instancias de la Iglesia particular contribuya, desde su posibilidad y especificidad, a promover una catequesis referente a la comunicación cristiana de bienes y la responsabilidad de los bautizados en el sostenimiento económico de la acción evangelizadora.”


Conclusión.

Aunque el camino es largo y con muchos obstáculos, los invito a que no desfallezcamos sino que, por el contrario, no perdamos el entusiasmo, el ardor y la esperanza. El Señor nos acompaña en este camino y La Purísima Concepción del Caroní camina a nuestro lado guiándonos en la construcción del Reino de su Hijo muy Amado.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.


En Ciudad Guayana, a los 13 días del mes de Abril de 2008, día del Buen Pastor y Jornada Mundial de Oraciones por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas.

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-4-diocesis-de-ciudad.html

martes, 24 de mayo de 2005

Párroco: Héctor Pernía - 2005/2011


Pbro. HÉCTOR PERNÍA

DATOS BIOGRAFICOS

Nació el 29 de Octubre de 1970, en la Aldea Pernía de la población del Cobre, hijo de Don Jesús Pernía y Doña Benigna de Pernía; es el 7mo. de 9 hermanos; uno de ellos, Domingo, es también Sacerdote.

Curso sus primeros estudios en la U.E. "Monseñor Acevedo", y en el Liceo "Fermín Ruiz Valero", en el Cobre.

En 1985, ingreso al Seminario Diocesano de Palmira, donde termina el bachillerato y liego hasta el 3er. Año de Filosofía en el Seminario Mayor.

En 1990 conoció a los salesianos de Don Bosco, con quienes inició su proceso de formación en la ciudad de Los Teques, Estado Miranda. Dos años mas tarde hizo la primera profesión religiosa a la vez que continuo sus estudios en el Instituto universitario Salesiano Padre Ojeda de Los Teques. (IUSPO).

En 1994 fue enviado como misionero a Amazonas a vivir una intensa experiencia apostólica entre los indígenas en la Misión Salesiana de Isla ratón.

En 1996, continuo en Caracas su proceso de formación en la comunidad Salesiana del Teo logado, donde 2 anos mas tarde hizo su profesión perpetua como miembro de la congregación Salesiana. Sus estudios de Teología los realizo en el Instituto de Teología para religiosos. (ITER) y su apostolado lo vivió durante estos últimos cuatro años entre los jóvenes de la populosa zona caraqueña de la Vega.

El 11 de marzo del 2000, recibió de Mons. Nicolás Bermúdez, Obispo Auxiliar de Caracas, la ordenación como Diacono.

El 15 de julio del 2000, fue la Ordenación Sacerdotal, por Mons. Mario del Valle Moronta, Obispo de San Cristóbal, para la misión de llevar amor de DIOS a los jóvenes más pobre y necesitados.

En el año 2005, inicia sus funciones como Párroco de la Parroquia Don Bosco en la UD-145 de San Félix-Estado Bolívar.

Funge como Párroco hasta agosto del 2011.




miércoles, 24 de noviembre de 2004

Carta Pastoral N° 3 - PROYECTO DE RENOVACION PASTORAL DE LA DIOCESIS - A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Carta Pastoral N° 3



Diócesis de Ciudad Guayana


MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Al arribo de los 25 años de la creación de nuestra Diócesis y a los 9 años de lanzado el Proyecto Diocesano de Renovación Pastoral y en el año de la Eucaristía decretado por el Santo Padre, quiero dirigirme a todos Uds. mis hermanos diocesanos porque estoy convencido de que es una oportunidad importantísima que Dios nos está brindando para hacer un alto en el camino y evaluar el recorrido realizado hasta este punto.

1.-PROYECTO DE RENOVACION PASTORAL DE LA DIOCESIS.

En las palabras del lanzamiento del Proyecto Diocesano, en el Estadium Cachamay, Mons. Ubaldo Santana, mi predecesor, se dirigió a todos los presentes con estas palabras: “Hoy queremos vernos todos para empezar a caminar juntos organizadamente. ¿Hacia dónde vamos a caminar? Queremos realizar en la Diócesis la propuesta del Concilio Vaticano II: ‘que cada persona y cada grupo de bautizados se sienta llamado a participar en la vida de la Iglesia’.”

Preguntémonos pues, hasta donde hemos caminado.

LOGROS.

En estos ocho años hemos alcanzado muchas metas que nos habíamos propuesto a todos los niveles, y esto es importante, pues nos llena de la esperanza de que sí hemos avanzado.

A nivel del pueblo en general, se ha despertado un sentido de pertenencia a la Iglesia, que podemos observar en una mayor participación en las fiestas organizadas por la Pastoral de Multitudes. De igual manera, hemos logrado que las personas, en una gran mayoría, identifiquen su parroquia y se sientan de alguna manera, cercanas a ella.

En el nivel de la organización, se han creado estructuras de participación en casi la totalidad de las parroquias: EPAPs, mensajeros y  sectorización de las parroquias. Al mismo tiempo se han consolidado y fortalecido las Zonas Pastorales y algunas Comisiones Diocesanas, como Catequesis, Pastoral Social, Pastoral Familiar, ERE y la Oficina de Derechos Humanos “Humana Dignitas”.

Por otro lado, los agentes de Pastoral han tomado mas conciencia de su misión, siendo protagonistas y animadores de las acciones pastorales a su cargo. En ellos se ha dado una hermosa motivación de formarse mejor y de participar lo más que ellos puedan. Claro reflejo de esto, lo encontramos en las Asambleas de Agentes.

Sin embargo, no todo ha sido positivo. También es necesario ver en lo que hemos fallado a fin de esforzarnos por superar estos obstáculos.

Es deficiente todavía el sentido de pertenencia a una Iglesia diocesana de algunos agentes de pastoral, lo que tiene como consecuencia el poco interés en esos mismos agentes por todo lo que se refiere al Proyecto Diocesano y a programas diocesanos.

No hemos logrado fortalecer la sectorización en nuestras parroquias, organizando los respectivos equipos coordinadores de cada uno de ellos y todavía el equipo de mensajeros es muy deficiente. Nuestros sectores tienen extensiones muy grandes que dificultan su organización.

De igual manera, a pesar de que hasta cierto punto se han consolidado, todavía muchas Comisiones Diocesanas no han alcanzado el desarrollo exigido por las circunstancias que vivimos; especialmente, la Pastoral Social que debe tener una mayor proyección en nuestra sociedad.


LA IGLESIA DIOCESANA QUE QUEREMOS.


Como dije al comienzo, este es un momento crucial y de Gracia que el Señor nos permite vivir a fin de discernir lo que El quiere de nosotros como Iglesia Diocesana.

Partiendo de la realidad que ya enunciamos, es necesario que tengamos clara la Iglesia que deseamos construir y que ya plasmamos en nuestro Proyecto Diocesano de Pastoral. Recordemos pues, lo que ya planteamos en él.

“La Iglesia que vive en la Diócesis de Ciudad Guayana, conducida por el Obispo y el Presbiterio, a través de la acción pastoral evangelizadora, camina, en comunión y participación, como Pueblo de Dios hacia el crecimiento de la persona de cada bautizado y de la integración comunitaria de todos como conjunto.”

Conformamos la diócesis todos los bautizados que vivimos en su territorio. “Es la Iglesia de Cristo presente en un lugar, una y única, que se concretiza aconteciendo en un grupo de bautizados, que el Concilio llama Iglesia particular” (PDR)

Esta Iglesia particular está confiada a un Obispo para que, junto con su presbiterio sea apacentada. El Obispo ayudado por su Presbiterio, reúne al Pueblo de Dios por el Evangelio y la Eucaristía, en el Espíritu Santo. (Ch. D. 11)

La principal misión de esta Iglesia es la Evangelización que es llevar la Buena Nueva a toda la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro a la misma humanidad. (E. N. 18)

Es una Iglesia que anuncia la persona y el mensaje del Señor Jesús que inauguró en la historia el Reino de justicia, de verdad, de amor y de paz, y levanta su voz para denunciar con firmeza el pecado presente en las injusticias y desigualdades sociales. En los rostros sufrientes de sus hermanos y hermanas, descubre el rostro de Jesús, defiende su dignidad y fiel al seguimiento del Señor, hace una opción preferencial por los pobres como los primeros destinatarios de la Buena Noticia del Reino.

Una  Iglesia coherente y testimonial que hace creíble al mundo de hoy el mensaje liberador de Jesús por el testimonio claro y comprometido de sus amigos y amigas, y es acogido por la coherencia entre lo que se ha visto y lo que se ha oído. El amor fiel y perseverante vivido y comunicado en la simplicidad de lo cotidiano es el secreto de los cristianos que optan libremente por el camino que Jesús eligió para comunicar a todos la novedad del Reino aún en medio de las dificultades y contradicciones.

Y esta Evangelización la hace en comunión y participación, como Pueblo de Dios. La iglesia es el conjunto de bautizados con una misma vocación y misión y que es “consciente de que su comunión con Dios es el fundamento de su nueva relación con los hombres,  con la creación.”

Es una Iglesia  imagen de la Trinidad, congregada por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que peregrina en la historia como pueblo de Dios. Es comunidad que vive y celebra un profundo encuentro con Jesús y fundamenta en esta experiencia la comunión en la diversidad, al estilo de las primeras comunidades cristianas que tenían “un solo corazón y una sola alma”


RETOS PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS. (CORTO Y MEDIANO PLAZO.)

Invito al Pueblo en general, a crear espacios de participación para  la vivencia de su fe en sus propios sectores,  partiendo de su realidad, ofreciendo oportunidades de formación en los aspectos políticos, sociales, culturales y  económicos.

Es necesario crear en cada parroquia las  siguientes estructuras de participación: consejo pastoral parroquial, consejo económico parroquial, las comisiones de pastoral juvenil – vocacional, pastoral de multitudes, pastoral social. Y consolidar las ya existentes: EPAP, Carta a los Cristianos, Sectorización, Red de mensajeros, entre otros

En cuanto a los Agentes de Pastoral es necesario que se creen y consoliden espacios de participación que ofrezcan oportunidades de formación a nivel parroquial,  zonal y diocesano, con el fin de contar con una mayor cantidad de agentes de pastoral disponibles y formados para la evangelización de nuestra Diócesis.

En el fortalecimiento y desarrollo del Plan Diocesano de Pastoral, invito a la Vicaria de Pastoral a consolidar la comisión de Pastoral de multitudes y a realizar un estudio de las pequeñas comunidades, que permita conocer y valorar su experiencia para desde ellas iniciar caminos de crecimiento.

De la misma manera, invito a redimensionar el rol de la Pastoral Familiar, para que partiendo de la realidad de las familias que viven en nuestra Diócesis, se puedan ofrecer  oportunidades que permitan su evangelización, aplicando las orientaciones del documento del Concilio Plenario de Venezuela.
La Pastoral juvenil-vocacional se debe consolidar con programas que ofrezcan oportunidades de discernimiento vocacional y  espacios de participación para los jóvenes en cada una de las parroquias de nuestra Diócesis, aplicando de igual manera  las orientaciones del documento conciliar al respecto.
En ERE, se deben retomar las escuelas pilotos para evaluar el alcance del programa en estos ocho años, para seguirlo impulsando, creando nexos con las parroquias donde están ubicados los colegios y escuelas.
Le he pedido al EDEC que se reestructure y se consolide aun más  a fin de que pueda cumplir eficazmente con su misión de animador diocesano del Plan. De igual manera, es necesario que sus miembros se formen participando en la Escuela de México.
En cuanto a la Catequesis, tan importante en nuestra labor evangelizadora le pido a la Comisión Diocesana que haga los esfuerzos suficientes para que aumente el número de los catequistas y se consoliden las escuelas de formación de los mismos. Que la Comisión busque, de igual manera, mecanismos para que los niños y jóvenes que vienen de familias disfuncionales puedan participar en el itinerario de fe.
La Pastoral Social siempre ha sido muy importante en la labor evangelizadora de la Iglesia y, aún mas en la situación actual de nuestro pueblo; por lo que invito a esta comisión a elaborar proyectos de trabajo concretos que den respuestas a las necesidades de la gente, especialmente en la promoción de la conciencia social del laico.
Las Zonas pastorales se deben fortalecer como espacios de crecimiento e interrelación, con la incorporación de los laicos en aquellas zonas donde todavía no se acostumbra esto.


AÑO DE LA EUCARISTIA.

Finalmente, teniendo en cuenta la celebración, por convocación del Santo Padre del Año de la Eucaristía, invito a toda la Diócesis a responder al llamado pontificio, enmarcando todas nuestras actividades pastorales en este ámbito.

En concreto, con el Santo Padre los exhorto:

A que en cada parroquia durante todo este año, se de una Catequesis “mistagógica”, es decir, una catequesis que ayude “a descubrir el sentido de los gestos y palabras de la liturgia, orientando a los fieles a pasar de los signos al misterio y a centrar en él toda su vida.” (MND # 17) Del mismo modo, le pido a la Comisión Diocesana de Catequesis que incluya en las etapas del Itinerario esta explicación de la Eucaristía y sus signos para los niños, adolescentes y jóvenes y prepare un subsidio que ayude a los párrocos, diáconos encargados de parroquias y a las Vicarias a cumplir esta encomienda.

A fomentar el culto a Jesús Eucaristía fuera de la Misa, a través de actos como horas santas, cuarenta horas, etc. Todo esto con su respectiva catequesis.

A que la Pastoral de Multitudes prepare una celebración especial para el día del Corpus Christi para vivir con especial fervor esta solemnidad.

A que en las reuniones de zona o de Agentes de Pastoral se viva de alguna manera a través de algún acto litúrgico este año de la Eucaristía.

A “que los sacerdotes en su trabajo pastoral presten, durante este año de gracia, una atención todavía mayor a la Misa dominical” (MND #23) haciendo lo posible por “celebrarla decorosamente, según las normas establecidas, con la participación del pueblo, la colaboración de los diversos ministros en el ejercicio de las funciones previstas para ellos” (MND #17)

Por último, pero, no menos importante, les ruego busquen la manera de concretizar lo que el Santo Padre nos solicita para lograr, a partir de la Eucaristía, que se de “un compromiso activo en la edificación de una sociedad mas equitativa y mas fraterna” (MND #28). La Comisión de Pastoral Social deberá tener en cuenta, en su programación, esta invitación y programar actividades que le den operatividad a la caridad.

CONCLUSION.

Espero que estos acontecimientos del Aniversario Diocesano y el Año de la Eucaristía decretado por el Santo Padre, sean una excelente ocasión para tomar conciencia del momento de Gracia que vivimos como Diócesis y del “tesoro incomparable que Cristo ha confiado a su Iglesia” en la Eucaristía.

Les pido a mis hermanos sacerdotes que se sientan auténticos pastores en sus zonas, parroquias y vicarias y sean cercanos con sus hermanos sacerdotes y sus agentes laicos.

El camino que nos toca todavía transitar en la implementación de nuestro Proyecto Diocesano de Renovación Pastoral es largo y con muchos obstáculos, pero, traigo de nuevo a la memoria la frase de Jesús en el Evangelio, que el Santo Padre nos ha recordado con insistencia en los últimos  tiempos: “Duc in altum”, “Remen mar adentro”.

No perdamos el entusiasmo, el ardor y la esperanza. El Señor nos acompaña en este camino y La Purísima Concepción del Caroní camina a nuestro lado guiándonos en la construcción del Reino de su Hijo muy Amado.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.

En Ciudad Guayana, a los 24 días del mes de Noviembre de 2004.

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-3-diocesis-de-ciudad.html