miércoles, 24 de noviembre de 2004

Carta Pastoral N° 3 - PROYECTO DE RENOVACION PASTORAL DE LA DIOCESIS - A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Carta Pastoral N° 3



Diócesis de Ciudad Guayana


MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

Al arribo de los 25 años de la creación de nuestra Diócesis y a los 9 años de lanzado el Proyecto Diocesano de Renovación Pastoral y en el año de la Eucaristía decretado por el Santo Padre, quiero dirigirme a todos Uds. mis hermanos diocesanos porque estoy convencido de que es una oportunidad importantísima que Dios nos está brindando para hacer un alto en el camino y evaluar el recorrido realizado hasta este punto.

1.-PROYECTO DE RENOVACION PASTORAL DE LA DIOCESIS.

En las palabras del lanzamiento del Proyecto Diocesano, en el Estadium Cachamay, Mons. Ubaldo Santana, mi predecesor, se dirigió a todos los presentes con estas palabras: “Hoy queremos vernos todos para empezar a caminar juntos organizadamente. ¿Hacia dónde vamos a caminar? Queremos realizar en la Diócesis la propuesta del Concilio Vaticano II: ‘que cada persona y cada grupo de bautizados se sienta llamado a participar en la vida de la Iglesia’.”

Preguntémonos pues, hasta donde hemos caminado.

LOGROS.

En estos ocho años hemos alcanzado muchas metas que nos habíamos propuesto a todos los niveles, y esto es importante, pues nos llena de la esperanza de que sí hemos avanzado.

A nivel del pueblo en general, se ha despertado un sentido de pertenencia a la Iglesia, que podemos observar en una mayor participación en las fiestas organizadas por la Pastoral de Multitudes. De igual manera, hemos logrado que las personas, en una gran mayoría, identifiquen su parroquia y se sientan de alguna manera, cercanas a ella.

En el nivel de la organización, se han creado estructuras de participación en casi la totalidad de las parroquias: EPAPs, mensajeros y  sectorización de las parroquias. Al mismo tiempo se han consolidado y fortalecido las Zonas Pastorales y algunas Comisiones Diocesanas, como Catequesis, Pastoral Social, Pastoral Familiar, ERE y la Oficina de Derechos Humanos “Humana Dignitas”.

Por otro lado, los agentes de Pastoral han tomado mas conciencia de su misión, siendo protagonistas y animadores de las acciones pastorales a su cargo. En ellos se ha dado una hermosa motivación de formarse mejor y de participar lo más que ellos puedan. Claro reflejo de esto, lo encontramos en las Asambleas de Agentes.

Sin embargo, no todo ha sido positivo. También es necesario ver en lo que hemos fallado a fin de esforzarnos por superar estos obstáculos.

Es deficiente todavía el sentido de pertenencia a una Iglesia diocesana de algunos agentes de pastoral, lo que tiene como consecuencia el poco interés en esos mismos agentes por todo lo que se refiere al Proyecto Diocesano y a programas diocesanos.

No hemos logrado fortalecer la sectorización en nuestras parroquias, organizando los respectivos equipos coordinadores de cada uno de ellos y todavía el equipo de mensajeros es muy deficiente. Nuestros sectores tienen extensiones muy grandes que dificultan su organización.

De igual manera, a pesar de que hasta cierto punto se han consolidado, todavía muchas Comisiones Diocesanas no han alcanzado el desarrollo exigido por las circunstancias que vivimos; especialmente, la Pastoral Social que debe tener una mayor proyección en nuestra sociedad.


LA IGLESIA DIOCESANA QUE QUEREMOS.


Como dije al comienzo, este es un momento crucial y de Gracia que el Señor nos permite vivir a fin de discernir lo que El quiere de nosotros como Iglesia Diocesana.

Partiendo de la realidad que ya enunciamos, es necesario que tengamos clara la Iglesia que deseamos construir y que ya plasmamos en nuestro Proyecto Diocesano de Pastoral. Recordemos pues, lo que ya planteamos en él.

“La Iglesia que vive en la Diócesis de Ciudad Guayana, conducida por el Obispo y el Presbiterio, a través de la acción pastoral evangelizadora, camina, en comunión y participación, como Pueblo de Dios hacia el crecimiento de la persona de cada bautizado y de la integración comunitaria de todos como conjunto.”

Conformamos la diócesis todos los bautizados que vivimos en su territorio. “Es la Iglesia de Cristo presente en un lugar, una y única, que se concretiza aconteciendo en un grupo de bautizados, que el Concilio llama Iglesia particular” (PDR)

Esta Iglesia particular está confiada a un Obispo para que, junto con su presbiterio sea apacentada. El Obispo ayudado por su Presbiterio, reúne al Pueblo de Dios por el Evangelio y la Eucaristía, en el Espíritu Santo. (Ch. D. 11)

La principal misión de esta Iglesia es la Evangelización que es llevar la Buena Nueva a toda la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro a la misma humanidad. (E. N. 18)

Es una Iglesia que anuncia la persona y el mensaje del Señor Jesús que inauguró en la historia el Reino de justicia, de verdad, de amor y de paz, y levanta su voz para denunciar con firmeza el pecado presente en las injusticias y desigualdades sociales. En los rostros sufrientes de sus hermanos y hermanas, descubre el rostro de Jesús, defiende su dignidad y fiel al seguimiento del Señor, hace una opción preferencial por los pobres como los primeros destinatarios de la Buena Noticia del Reino.

Una  Iglesia coherente y testimonial que hace creíble al mundo de hoy el mensaje liberador de Jesús por el testimonio claro y comprometido de sus amigos y amigas, y es acogido por la coherencia entre lo que se ha visto y lo que se ha oído. El amor fiel y perseverante vivido y comunicado en la simplicidad de lo cotidiano es el secreto de los cristianos que optan libremente por el camino que Jesús eligió para comunicar a todos la novedad del Reino aún en medio de las dificultades y contradicciones.

Y esta Evangelización la hace en comunión y participación, como Pueblo de Dios. La iglesia es el conjunto de bautizados con una misma vocación y misión y que es “consciente de que su comunión con Dios es el fundamento de su nueva relación con los hombres,  con la creación.”

Es una Iglesia  imagen de la Trinidad, congregada por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que peregrina en la historia como pueblo de Dios. Es comunidad que vive y celebra un profundo encuentro con Jesús y fundamenta en esta experiencia la comunión en la diversidad, al estilo de las primeras comunidades cristianas que tenían “un solo corazón y una sola alma”


RETOS PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS. (CORTO Y MEDIANO PLAZO.)

Invito al Pueblo en general, a crear espacios de participación para  la vivencia de su fe en sus propios sectores,  partiendo de su realidad, ofreciendo oportunidades de formación en los aspectos políticos, sociales, culturales y  económicos.

Es necesario crear en cada parroquia las  siguientes estructuras de participación: consejo pastoral parroquial, consejo económico parroquial, las comisiones de pastoral juvenil – vocacional, pastoral de multitudes, pastoral social. Y consolidar las ya existentes: EPAP, Carta a los Cristianos, Sectorización, Red de mensajeros, entre otros

En cuanto a los Agentes de Pastoral es necesario que se creen y consoliden espacios de participación que ofrezcan oportunidades de formación a nivel parroquial,  zonal y diocesano, con el fin de contar con una mayor cantidad de agentes de pastoral disponibles y formados para la evangelización de nuestra Diócesis.

En el fortalecimiento y desarrollo del Plan Diocesano de Pastoral, invito a la Vicaria de Pastoral a consolidar la comisión de Pastoral de multitudes y a realizar un estudio de las pequeñas comunidades, que permita conocer y valorar su experiencia para desde ellas iniciar caminos de crecimiento.

De la misma manera, invito a redimensionar el rol de la Pastoral Familiar, para que partiendo de la realidad de las familias que viven en nuestra Diócesis, se puedan ofrecer  oportunidades que permitan su evangelización, aplicando las orientaciones del documento del Concilio Plenario de Venezuela.
La Pastoral juvenil-vocacional se debe consolidar con programas que ofrezcan oportunidades de discernimiento vocacional y  espacios de participación para los jóvenes en cada una de las parroquias de nuestra Diócesis, aplicando de igual manera  las orientaciones del documento conciliar al respecto.
En ERE, se deben retomar las escuelas pilotos para evaluar el alcance del programa en estos ocho años, para seguirlo impulsando, creando nexos con las parroquias donde están ubicados los colegios y escuelas.
Le he pedido al EDEC que se reestructure y se consolide aun más  a fin de que pueda cumplir eficazmente con su misión de animador diocesano del Plan. De igual manera, es necesario que sus miembros se formen participando en la Escuela de México.
En cuanto a la Catequesis, tan importante en nuestra labor evangelizadora le pido a la Comisión Diocesana que haga los esfuerzos suficientes para que aumente el número de los catequistas y se consoliden las escuelas de formación de los mismos. Que la Comisión busque, de igual manera, mecanismos para que los niños y jóvenes que vienen de familias disfuncionales puedan participar en el itinerario de fe.
La Pastoral Social siempre ha sido muy importante en la labor evangelizadora de la Iglesia y, aún mas en la situación actual de nuestro pueblo; por lo que invito a esta comisión a elaborar proyectos de trabajo concretos que den respuestas a las necesidades de la gente, especialmente en la promoción de la conciencia social del laico.
Las Zonas pastorales se deben fortalecer como espacios de crecimiento e interrelación, con la incorporación de los laicos en aquellas zonas donde todavía no se acostumbra esto.


AÑO DE LA EUCARISTIA.

Finalmente, teniendo en cuenta la celebración, por convocación del Santo Padre del Año de la Eucaristía, invito a toda la Diócesis a responder al llamado pontificio, enmarcando todas nuestras actividades pastorales en este ámbito.

En concreto, con el Santo Padre los exhorto:

A que en cada parroquia durante todo este año, se de una Catequesis “mistagógica”, es decir, una catequesis que ayude “a descubrir el sentido de los gestos y palabras de la liturgia, orientando a los fieles a pasar de los signos al misterio y a centrar en él toda su vida.” (MND # 17) Del mismo modo, le pido a la Comisión Diocesana de Catequesis que incluya en las etapas del Itinerario esta explicación de la Eucaristía y sus signos para los niños, adolescentes y jóvenes y prepare un subsidio que ayude a los párrocos, diáconos encargados de parroquias y a las Vicarias a cumplir esta encomienda.

A fomentar el culto a Jesús Eucaristía fuera de la Misa, a través de actos como horas santas, cuarenta horas, etc. Todo esto con su respectiva catequesis.

A que la Pastoral de Multitudes prepare una celebración especial para el día del Corpus Christi para vivir con especial fervor esta solemnidad.

A que en las reuniones de zona o de Agentes de Pastoral se viva de alguna manera a través de algún acto litúrgico este año de la Eucaristía.

A “que los sacerdotes en su trabajo pastoral presten, durante este año de gracia, una atención todavía mayor a la Misa dominical” (MND #23) haciendo lo posible por “celebrarla decorosamente, según las normas establecidas, con la participación del pueblo, la colaboración de los diversos ministros en el ejercicio de las funciones previstas para ellos” (MND #17)

Por último, pero, no menos importante, les ruego busquen la manera de concretizar lo que el Santo Padre nos solicita para lograr, a partir de la Eucaristía, que se de “un compromiso activo en la edificación de una sociedad mas equitativa y mas fraterna” (MND #28). La Comisión de Pastoral Social deberá tener en cuenta, en su programación, esta invitación y programar actividades que le den operatividad a la caridad.

CONCLUSION.

Espero que estos acontecimientos del Aniversario Diocesano y el Año de la Eucaristía decretado por el Santo Padre, sean una excelente ocasión para tomar conciencia del momento de Gracia que vivimos como Diócesis y del “tesoro incomparable que Cristo ha confiado a su Iglesia” en la Eucaristía.

Les pido a mis hermanos sacerdotes que se sientan auténticos pastores en sus zonas, parroquias y vicarias y sean cercanos con sus hermanos sacerdotes y sus agentes laicos.

El camino que nos toca todavía transitar en la implementación de nuestro Proyecto Diocesano de Renovación Pastoral es largo y con muchos obstáculos, pero, traigo de nuevo a la memoria la frase de Jesús en el Evangelio, que el Santo Padre nos ha recordado con insistencia en los últimos  tiempos: “Duc in altum”, “Remen mar adentro”.

No perdamos el entusiasmo, el ardor y la esperanza. El Señor nos acompaña en este camino y La Purísima Concepción del Caroní camina a nuestro lado guiándonos en la construcción del Reino de su Hijo muy Amado.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.

En Ciudad Guayana, a los 24 días del mes de Noviembre de 2004.

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sábado, 1 de noviembre de 2003

Carta Pastoral N° 2 - “Ay de mi si no evangelizo” - A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular


Carta Pastoral N° 2



Diócesis de Ciudad Guayana


MARIANO JOSÉ PARRA SANDOVAL
OBISPO DE CIUDAD GUAYANA

A los Sacerdotes, Diáconos Permanentes, Religiosos y Religiosas, Seminaristas, Catequistas, Comunidades Cristianas Parroquiales y todos los fieles católicos de esta Iglesia Particular

“Ay de mi si no evangelizo”.

Con esta frase del Apóstol San Pablo quiero comenzar mi segunda carta pastoral en esta diócesis. Esta frase debe ser para nosotros una llamada a la reflexión en este mundo donde nos ha tocado vivir, tan necesitado del anuncio de la Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo.

            Vivimos sumergidos en una sociedad que, a pesar de llamarse a sí misma, por cultura, “cristiana”, ha desterrado de lo mas profundo de su ser a Dios y su mensaje salvador. Las encuestas sociales indican que en nuestro país el 99% se llama cristiano, es decir, creyente en Cristo, y un 90% católico. Cifras de las cuales nos enorgullecemos pero, que luego son desmentidas por el comportamiento y la vida que llevan muchos de esos llamados “cristianos”. Proclamamos una fe de origen cultural y de tradición, pero, nuestra vida dista distancias incalculables de lo que proclamamos. Es decir, existe un profundo divorcio entre la Fe y la Vida en muchos habitantes de nuestro país.

CATEQUESIS TRADICIONAL.

            En este panorama, encontramos que nuestra catequesis tradicional ha sido un instrumento para preparar los niños y jóvenes para la recepción de los Sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación y que muchas veces, lamentablemente, estos son vistos como una simple graduación después de un curso. Por lo mismo, los Padres y Representantes hablan de la catequesis como un requisito para la Primera Comunión o para la Confirmación. En muy contados casos, los niños y jóvenes que han asistido a la catequesis se comprometen con la comunidad parroquial y ni siquiera perseveran en el crecimiento y profundización de su fe.

            A esto debemos agregar, que los Padres y Representantes descargan en ella la formación religiosa de sus representados y no los motivan con el testimonio, ni los acompañan en la participación en la vida de la comunidad parroquial y, en algunas oportunidades, hasta dificultan su participación. La idea que muchos Padres y Representantes tienen de los sacramentos es que “hay que salir de eso”.

            Todo esto nos lleva a constatar que nuestra catequesis parte de una evangelización muy pobre, casi nula, y de familias descristianizadas, que no viven su fe. Es una catequesis meramente doctrinal que prepara para la recepción de los sacramentos, pero, no para la vida cristiana en comunidad y que olvida las necesidades y situaciones concretas de los niños y de los jóvenes. Pretendemos, igualmente, que en pocos meses, ellos asuman en su vida, los criterios y verdades de la fe que los orienten en su historia personal y comunitaria. Con mucho dolor debemos decir que en nuestra catequesis los sensibilizamos muy poco para el compromiso pastoral y social con los hermanos y nos los motivamos para el compromiso misionero. Finalmente, nuestra catequesis está centrada en los niños y los jóvenes y olvidamos a los adultos como punto de partida y referencia fundamental para aquellos.

“AY DE MI SI NO EVANGELIZO!”

              Desde el inicio mismo de la Iglesia, ésta recibió de su fundador, Nuestro Señor Jesucristo, la misión de evangelizar a todos los pueblos.”Vayan y evangelicen a todas la naciones…” (Mt. 28,) Y este primer anuncio, siempre la Iglesia lo vio seguido de todo un proceso de iniciación que le permitiera al convertido y evangelizado entrar “en el misterio del amor de Dios, que lo llama a iniciar una comunicación personal consigo mismo en Cristo” (AG 13) y así emprender “un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la Muerte y de la Resurrección, pasa del hombre viejo al nuevo hombre perfecto según Cristo (Cf. Col. 3, 5 – 10; Ef. 4, 20 – 24)” (AG 13).El Conc. Vat. II les recuerda también a los Obispos su obligación de que se dé “con todo cuidado a los niños, adolescentes, jóvenes e incluso a los adultos la instrucción catequética, que tiende a que la fe, ilustrada por la doctrina, se haga viva, explícita y activa en los hombres, y que se enseñe con el orden debido y método conveniente no solo con respecto a la materia que se explica, sino también a la índole, facultades, edad y condiciones de vida de los oyentes.” (ChD. 14) Se trata de iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana. (D.G.C., 63 y 64)

            Por lo tanto la catequesis es un proceso educativo que nos lleva al seguimiento de Jesucristo, dentro de una comunidad de hermanos que nos va ayudar a vivir al estilo del Maestro. No es un acto puntual para prepararnos a un sacramento sino un camino de fe, de discipulado de Cristo que implica un compromiso de vida. “La catequesis de iniciación, por ser orgánica y sistemática, no se reduce a lo meramente circunstancial u ocasional” (D.G.C., 68) Es un proceso que debe también, llevar al catequizando a incorporarse “en la comunidad cristiana que vive, celebra y testimonia la fe.” (D.G.C., 68)

            La catequesis que se queda en aprender conceptos y oraciones para recibir un sacramento y no se convierte en un proceso de iniciación apoyado en una comunidad de fe y de vida cristiana, va en camino del fracaso.

            Los Obispos latinoamericanos en el Documento de Santo Domingo afirman: “Nuestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios mas adecuados para cada edad y situación.” (SD 49 ) Y nuestro Concilio Plenario de Venezuela nos dice en su documento de catequesis que se debe implementar en el país “un auténtico proceso de educación en la fe en el que los sacramentos aparezcan no como elementos aislados sino como momentos fuertes e integrados en la vida del hombre creyente” (Catequesis 60)

            Finalmente, recordemos que en el Proyecto de Renovación de la Diócesis nos planteamos como opción fundamental la acción pastoral evangelizadora “como itinerario permanente de fe, que se recorre en un proceso orgánico, único y diferenciado al mismo tiempo.”

NORMAS PARA LA CATEQUESIS Y RECEPCION DE LOS SACRAMENTOS DE INICIACION.

            Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, decreto para esta Diócesis y a partir de este momento las siguientes normas:

  1. Quedan establecidos en todo el territorio de la Diócesis los Itinerarios Catequísticos tal como los ha aprobado la Conferencia Episcopal y el Concilio Plenario de Venezuela.
  2. El Itinerario se comenzará a los 8 (ocho) años de edad y durará por lo menos dos años en cada etapa.
  3. Aquellos niños y adolescentes mayores de ocho años que no hayan comenzado su itinerario pueden ser incorporados al mismo pero, conservando siempre el tiempo necesario para cada etapa.
  4. Se recomienda a todos los catequistas la utilización de los Manuales del Itinerario Catequético elaborados por la Conferencia Episcopal Venezolana.
  5. Los sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación se administrarán sólo después de haber recibido la correspondiente formación y cuando el catequista, junto con el párroco, consideren que se encuentren preparados los catequizandos.
  6. La celebración de estos sacramentos y los itinerarios debe realizarse en la parroquia o comunidad eclesial donde vivan. Y los párrocos deben ser celosos en este aspecto.
  7. Todos los catequistas deben prepararse en la escuela de catequesis para ejercer su ministerio. Se da como plazo hasta el próximo mes de Diciembre de 2004 para que los catequistas que no han comenzado su proceso formativo lo comiencen.
  8. Con respecto a las normas para la catequesis de los sacramentos del Bautismo y Matrimonio se les pide a las zonas pastorales las estudien, para luego, tomar una decisión en conjunto.
  9. Finalmente encargo al Secretariado Diocesano de Catequesis, en comunión con la Vicaría de Pastoral, de la implementación de estos itinerarios y de la formación inicial y permanente de los catequistas.

CONCLUSION.

                        Para terminar quisiera dirigirme en primer lugar a los sacerdotes, especialmente los párrocos, que, por su propia vocación y misión, deben ser los primeros animadores y defensores de estos itinerarios.  Recuerden que “la función propia del presbítero en la tarea catequizadora brota del sacramento del Orden que ha recibido” y que éste los constituye en “educadores en la fe”. (DGC 224) Que los fieles encuentren en Uds. la orientación necesaria para comprender y asimilar este proceso.

            De una manera especial invito a nuestros queridos catequistas a fin de que asuman este proceso con el mayor entusiasmo y cariño. Son Uds. los formadores de las futuras comunidades cristianas de nuestra diócesis. Deben esforzarse por tener un sólido conocimiento de la Biblia y de la Tradición de la Iglesia que les permita llevar a sus catequizandos a través de una catequesis “viva, explicita y activa”a una relación personal de amistad con Dios y con cada uno de su prójimo. Deben ser testigos vivientes del Evangelio para sus catequizandos y esforzarse en prepararse de la mejor forma para su función, “de suerte que conozcan con claridad la doctrina de la Iglesia y aprendan teórica y prácticamente las leyes psicológicas y las disciplinas pedagógicas.” (ChD 14)

            El camino que nos toca transitar en la implementación de los itinerarios es largo y con muchos obstáculos, pero, traigo a la memoria la frase de Jesús en el Evangelio, que el Santo Padre nos ha recordado con insistencia en los últimos  tiempos: “Duc in altum”, “Remen mar adentro”. Es una invitación cargada de esperanza y ánimo. Esperanza basada en el acompañamiento que el Señor nos hace en el diario caminar. Que esa esperanza sea para nosotros la fortaleza y el ánimo que nos impulsen en esta misión que se nos encomienda. Y que la Santísima Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, bajo la advocación de la Purísima Concepción, nos acompañe en este hermoso caminar con nuestro pueblo en la construcción del Reino de Dios.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.

            En Ciudad Guayana, al 1 de noviembre de 2003.

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-2-diocesis-de-ciudad.html

domingo, 19 de mayo de 2002

Carta Pastoral Nro 1 - A mis Sacerdotes, Diáconos, Religiosas y Religiosos, Seminaristas, Movimientos de Apostolado y Pueblo de Dios en general

Carta Pastoral N° 1

Mariano José Parra Sandoval
Obispo de Ciudad Guayana


A mis Sacerdotes, Diáconos, Religiosas y Religiosos, Seminaristas,
 Movimientos de Apostolado y Pueblo de Dios en general


            Nueve meses han transcurrido desde el día de mi arribo a estas hermosas tierras de Guayana como su Cuarto Obispo. Han sido nueve meses de un fructífero contacto con este pueblo que Dios me ha encomendado y con el Plan Diocesano de Renovación. En ellos he podido palpar las angustias y las alegrías, los triunfos y los fracasos, los obstáculos y las victorias que como Iglesia Diocesana han vivido en estos últimos cinco años, a partir de la memorable concentración diocesana en el Polideportivo Cachamay, con mi predecesor el Excmo. Sr. Ubaldo Santana Sequera, que en esa oportunidad le ofreció al Señor, en nombre de todo el pueblo, la primera programación de este Plan. Después de recorrer cada una de las parroquias, rectorías y vicarías que componen nuestra diócesis y luego de haber participado en la Evaluación del Plan Diocesano por parte de todos los Agentes de Pastoral de esta Iglesia, quiero dirigirme a Ustedes como Pastor de esta Iglesia particular, a fin de expresarles mis primeras impresiones y las líneas generales de pastoral que debemos seguir todos en nuestra nueva etapa diocesana. Me he encontrado con una Iglesia local que, en medio de las vicisitudes propias de toda labor de hombres y en medio de sus defectos, virtudes, esfuerzos, logros y fracasos, puede descubrir la presencia amorosa del Padre Bueno que camina con sus hijos hacia la morada definitiva.

            Tengo que confesarles que desde el primer momento que conocí este Plan Diocesano me convencí de que éste es el estilo de Iglesia que Dios quiere que se viva en esta época. Un estilo de Iglesia que ya el Concilio Ecuménico Vaticano II  propone en su Constitución Lumen Gentium y que encontramos en todos los documentos papales y de los Obispos de América Latina.

            Por otro lado la realidad del país ha cambiado mucho en estos últimos meses y nos encontramos viviendo una profunda crisis que ha repercutido en todos los ámbitos de nuestra querida patria y, por supuesto, en la realidad social de esta Iglesia local. Esta crisis representa para nosotros muchos desafíos, a veces arduos e inesperados, pero, que nos exigen una respuesta.

            Por este motivo es necesario que hagamos una profunda reflexión en nuestro papel como Iglesia frente a lo vivido en estos últimos años de experiencia pastoral y frente a la realidad inquietante de nuestra sociedad.


            1. - LOGROS ALCANZADOS EN ESTA PROGRAMACIÓN BIENAL


En estos dos últimos años y a consecuencia de nuestro Plan Diocesano, nos encontramos, que se ha despertado en nuestro pueblo un profundo sentido de participación e integración, que se ve de manera especial en el renacimiento de nuevas Comunidades Eclesiales de Base, que fomentan la unión, la fraternidad, el compromiso y la integración en general, fomentando encuentros interpersonales, diálogo, acercamiento y comunicación. Esto ha permitido a su vez, que se despierte un mayor entusiasmo por el trabajo organizado. Especial mención tendríamos que hacer con respecto a los jóvenes que se han integrado mas en sus parroquias, buscando un enriquecimiento espiritual para descubrir su propia vocación.

El enunciado del objetivo de la Fase del Plan que concluimos, repetido en diversas oportunidades por las comunidades, nos ha permitido sensibilizar a nuestro pueblo en el valor y respeto a la dignidad de las personas, despertando una inquietud por conocer la Doctrina Social de la Iglesia y preocupación por nuestros indígenas y campesinos y por los problemas sociales que se viven en nuestra sociedad. En estas circunstancias álgidas de nuestra sociedad es importante este logro, que despierta la sensibilidad y el compromiso social del cristiano.

La organización, a través de las estructuras de participación, ha facilitado el alcance de las metas que se han planteado, especialmente, algunas comisiones diocesanas. Los equipos zonales y sectoriales se han reforzado. Especial mención debemos hacer de las siguientes comisiones diocesanas: Catequesis, que ha dado pasos hacia la implementación de los itinerarios; la Pastoral Familiar, que ha incorporado al Movimiento Familiar en el Plan Diocesano; la Pastoral Social y la Vicaría de Derechos Humanos “Humana Dignitas”, que han adquirido respeto ante las instancias gubernamentales. Aun cuando no existe una Pastoral Juvenil orgánica diocesana, sin embargo, existen grupos juveniles en la mayoría de las parroquias.

Los agentes han tomado más conciencia del trabajo en equipo y de la promoción de las relaciones interpersonales; lo que, a su vez, ha llevado a los catequistas, por ejemplo, y a otros agentes, a estar más motivados y cambiar de mentalidad frente al trabajo. Se ha despertado una gran motivación para formarse mejor. Hay que resaltar de igual manera que se nota un esfuerzo en los agentes por conocer y vivir la Espiritualidad comunitaria que propicia el Plan Diocesano.


 2. - RETOS PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS.

Como dije al comienzo, esta evaluación, unida a la realidad concreta que vivimos en nuestro país en estos momentos, nos hace tomar conciencia de los retos que para los próximos años se nos plantean.

Considero que el conocimiento y la asimilación del Plan Diocesano por parte de todos los agentes de pastoral constituyen un inmenso reto. Es imposible obtener los logros pastorales que nos hemos propuesto si no hacemos de él, parte esencial de nuestro compromiso como Iglesia local. Hay que reconocer que la gran mayoría de los agentes se encuentran entusiasmados trabajando dentro de estos parámetros; sin embargo, es un reto que no podemos olvidar: el logro de que todos se incorporen al Plan.

En esta sociedad tan dividida, plagada de odios, rencores y egoísmos, se nos presenta el inmenso reto de vivir el mandamiento del Señor, que en nuestro Plan Diocesano, se expresa en el Objetivo de esta primera fase de esta primera Etapa. Estamos  llamados a formar comunidad y hay que reforzar el primer paso de crear “espacios de encuentro interpersonal”.

Teniendo en cuenta la situación social que vivimos en nuestro país, considero que otro reto que no podemos eludir es la formación de nuestros bautizados, tanto en el conocimiento de la persona de Jesús y de su Evangelio, como en sus exigencias sociales. Por lo tanto se constituyen en reto para nosotros la Evangelización, la Catequesis y la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia.

Finalmente, en la evaluación realizada se plantea que es también un reto que debemos afrontar, el aspecto económico, pues, para implementar el Plan son muchas las deficiencias de recursos.


3. RESULTADO DE LA EVALUACIÓN

Después de haber escuchado al Colegio de Consultores y haberle rogado al Señor en la oración que nos iluminara con su Espíritu, he llegado a esta  conclusión:

Hemos logrado en un gran porcentaje el Objetivo que nos propusimos para esta Primera Fase de la Primera Etapa de nuestro Plan Diocesano; por lo que debemos pasar a la siguiente Fase; pero como no hemos alcanzado el objetivo en su totalidad, invito a tomar todo este año para reforzar las estructuras de participación y reflexionar de cara a conocer, asumir y practicar los siguientes temas: opción fundamental, criterios de acción, espiritualidad comunitaria, eclesiología del Concilio Vaticano II y Documentos del magisterio latinoamericano, funciones del EDEC, EPAP y Comisiones Diocesanas.

4. - ORIENTACIONES Y SUGERENCIAS PARA LA PROXIMA PROGRAMACIÓN.

Considero en primer lugar, que es necesario crear y fortalecer la Comisión de Pastoral de Multitudes, con representantes zonales, que elaboren la programación enfatizando las actividades parroquiales y zonales, sin dejar de lado una o dos diocesanas. Quizás sería bueno crear subcomisiones zonales. Invito a esta comisión a revisar además la programación, de tal manera de que se determine cuáles son las fiestas religiosas que tienen mas aceptación en nuestro pueblo.

En cuanto a las Comunidades de Base es necesario que la Vicaría de Pastoral haga un estudio más profundo de ellas que le permita conocer y valorar la experiencia que tienen en esta diócesis a fin de encontrar caminos de enriquecimiento mutuo. Recordemos que esta experiencia es la meta hacia donde debemos ir como Iglesia, según nuestro Plan Diocesano.

La Pastoral Familiar debe redefinir su ser y su quehacer, partiendo de un diagnóstico de nuestra diócesis, de cara a que la evangelización de nuestras familias parta de la vivencia de ellas mismas. Es importante utilizar para esto situaciones concretas como: bendición de aniversarios matrimoniales, abrazo en familia, bendición de hogares, entronización de la Biblia, presentación de los recién nacidos, etcétera

Inmensa preocupación tengo con respecto a la Pastoral Juvenil. Es necesario crear, organizar y luego, fortalecer esta comisión; de tal manera que ella logre encontrar las vías adecuadas para responder a la problemática de nuestra juventud. La Pastoral Juvenil tiene una gran importancia en la Pastoral Vocacional y ésta, a su vez, es urgente para nuestra Iglesia local.

En cuanto a Comisión de Catequesis quisiera invitarlos a que continúen ayudando a toda la Diócesis en la profundización y concretización de los pasos necesarios para implementar los itinerarios catequísticos. Recordemos que éste es un programa no sólo diocesano, sino que a nivel nacional y aún mundial se está implementando. “Habrá que procurar que se integren con acierto las diversas etapas del camino de la fe, procurando de modo particular que la catequesis de infancia encuentre armónico complemento en las etapas posteriores.” (Directorio General para la Catequesis, 171) “La catequesis debe ofrecerse como un itinerario permanente de fe, metodológicamente elaborado, que acompañe a la persona durante toda su vida.” (Plan de Renovación Diocesana)

De igual manera, las otras comisiones que componen el nivel de Servicios Pastorales deberán revisar  las normas para la recepción de los sacramentos, buscando facilitar la implantación de los itinerarios catequéticos.

La Comisión de ERE deberá intensificar la formación de los docentes que imparten la Educación Religiosa Escolar en nuestras escuelas y buscar las estrategias para formar la Comisión Diocesana de Educación, que abarque todo el ámbito educativo en nuestra Iglesia local.

De nuevo, si partimos de la realidad social tan crítica que vivimos, tenemos que insistir en nuestro trabajo como Iglesia en la Pastoral Social de la Diócesis. Por eso invito a esta comisión que haga una profunda revisión de si misma con el fin de conseguir una mejor organización que pueda ofrecer respuestas efectivas a las necesidades de nuestro pueblo.

Finalmente, invito a los Coordinadores de Zona y al EDEC para que en comunión conmigo, como Pastor de esta Iglesia Local, revisemos las comisiones que están en el plan, pero, que no están funcionando, a fin de definir si son necesarias en estos momentos y ver si hacen falta otras, que no existen. Entre ellas cabe destacar la Comisión de Formación que debe unificar criterios y esfuerzos para dar respuesta a la necesidad de formación de los agentes de pastoral, planteada en esta última evaluación.

5.- CONCLUSION.

Queridos hijos e hijas, como les dije en un comienzo, debemos hacer nuestro este Plan diocesano de Renovación Pastoral. Con mucho entusiasmo y responsabilidad  implementemos en cada una de nuestras parroquias este estilo de Iglesia. Ya el Concilio Vaticano II ve en la experiencia comunitaria de la Iglesia primitiva el modelo y clave de la renovación eclesial. Que este año, que estamos dedicando a profundizar algunos temas fundamentales para el logro de los objetivos que nos hemos propuesto y a fortalecer las estructuras participativas del plan, sean un tiempo de profundo compromiso que nos permita pasar a la siguiente fase el próximo año.

Recordemos las palabras del Santo Padre en la Novo Milenium Ineunte: “Duc in altum” (Lc. 5,4). Si a la Iglesia Universal, nos dice el Santo Padre, se le abre “una nueva etapa en su camino”, a nosotros, Iglesia Diocesana, se nos concede un momento especial de Gracia para abrirnos con confianza al futuro. Con el Santo Padre les recuerdo: “Es preciso ahora aprovechar el tesoro de gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas.” (NMI 3)

A esta hermosa y trascendental tarea quiero invitarlos a todos Ustedes, para que unidos como Iglesia que peregrina en estas hermosas tierras guayanesas, atentos y a la escucha de la Palabra de Dios, unidos en comunión fraterna y en la “fracción del pan”, hagamos presente el Reino de Dios en medio de nuestro pueblo. ¡Caminemos con esperanza!

Que la Santísima Virgen María, la Purísima Concepción, nos acompañe y guíe hasta su Hijo Jesucristo para que dóciles a su Espíritu vivamos un nuevo Pentecostés en nuestra Iglesia diocesana.

Los bendigo de todo corazón con afecto paternal.

En Ciudad Guayana, a los 19 días del Mes de Mayo de Dos Mil Dos.

http://marianojoseparra.blogspot.com/2016/03/carta-pastoral-n-1-mariano-jose-parra.html

Carta Pastoral - Mons. Mariano Parra Sandoval